Marzo – 2020

Columna de opinión

Columna de opinión

Sigue siendo un debate que no toca. Lamentablemente. Lo único que ha cambiado de un tiempo a esta parte es que el hashtag “reto demográfico” se ha incorporado al discurso público con la misma ligereza con la que marcamos el símbolo “#” en las redes sociales para agrupar las conversaciones que giran en torno a un mismo tema, y así generar más tráfico.

Nos estamos quedando sin gente. Lo sabemos desde hace más de tres décadas, sin que hagamos nada para solucionarlo.

España es el segundo país de Europa con menor tasa de natalidad -apenas tenemos 1,26 hijos por mujer-, y nuestros nacimientos son equiparables a los años más duros de la posguerra. En paralelo, el envejecimiento de la población anda disparado y por cada 100 chavales menores de 16 años, ya hay 120 adultos que han cumplido los 64 o más.

Nos estamos quedando sin gente. Lo sabemos desde hace más de tres décadas, sin que hagamos nada para solucionarlo. Por mucho que a los poderes públicos les haya dado últimamente por poner la etiqueta “Reto Demográfico” al Ministerio para la Transición Ecológica de la vicepresidenta Teresa Rivera, o por crear en el Senado la Comisión de Despoblación y “Reto Demográfico” encabezada por la conquense Carmen Torralbo.

Una Estrategia interesada

Vaya por delante que nada tenemos que objetar a este tipo de iniciativas. Ojalá sirvan para paliar las nefastas consecuencias de la España Vaciada, pero no caigamos en la trampa de pensar que nos estamos enfrentando de veras al desafío descomunal de esta crisis. Porque la Estrategia Nacional del Reto Demográfico nació en enero de 2017 a petición de las comunidades a las que más perjudicaba el censo a la hora de calcular el dinero que les toca en el reparto de la financiación autonómica. Al pan, pan, cuando el reto demográfico va mucho más allá del despoblamiento del mundo rural. También abarca el envejecimiento de la población y la preocupante disminución de la natalidad, que impacta de lleno en nuestro sistema de pensiones y, por ende, en el Estado del bienestar.

Soluciones incompletas

La precariedad del mercado laboral, las dificultades para acceder a la vivienda, el cambio en los ciclos vitales, el nacimiento de nuevos modelos de familia…Entre todos la mataron y ella sola se murió, que diría un castizo.

No es verdad que la llegada de inmigrantes sea capaz de compensar la despoblación y la baja natalidad. Como tampoco se arreglarían las cosas con meras deducciones del IRPF.

La lista de motivos que nos ha traído hasta aquí se queda tan corta como las soluciones que se suelen poner sobre la mesa las escasas veces que se intenta coger por los cuernos el toro de la demografía. Pues no es verdad que la llegada de inmigrantes sea capaz de compensar la despoblación y la baja natalidad. Como tampoco se arreglarían las cosas con meras deducciones en el IRPF, o llamando familias numerosas a las que tienen dos hijos en lugar de tres o más. Son medidas que pueden quedar resultonas en un programa electoral pero nada efectivas a la hora de reducir, por ejemplo, los costes afectivos, sanitarios y económicos de la soledad no elegida. (Según el INE, en España viven solas más de 4,7 millones de personas. Una barbaridad).

Las pensiones de Damocles

En cuanto a la afiliación a la Seguridad Social, ronda en estos momentos los 19’1 millones de cotizantes; insuficientes a todas luces para afrontar las jubilaciones de la generación del baby boom que comenzarán la próxima década.

Por mucho que la problemática trascienda nuestras fronteras, el gran desafío de España se llama demografía. Urge abordarlo sin tantos prejuicios, de manera valiente y desde el consenso.

Según las estimaciones más conservadoras de BBVA Research, el número de pensionistas irá escalando hasta los 15 millones en el año 2050, frente a los 9,7 millones actuales. O sea, que para atender sus necesidades, habría que alcanzar los 28,5 millones de cotizantes. ¿De dónde pensamos sacarlos si la Fundación Renacimiento Demográfico calcula que en los próximos 30 años apenas nacerán nueve millones de niños? La reforma del sistema resulta prioritaria, y es lamentable que por motivos puramente políticos, se hayan dado pasos de cangrejo en la del año 2013, que a decir de la mayoría de los expertos iba bien encaminada.

Por mucho que la problemática trascienda nuestras fronteras, el gran desafío de España se llama demografía. Urge abordarlo sin tantos prejuicios, de manera valiente y desde el consenso. Porque la alternativa es lo que empezamos a ser: una sociedad con más pasado que futuro, una sociedad envejecida.

Miembro del Consejo Asesor de la Fundación Transparencia y Opinión. Periodista y directora de ‘Portavoces’